Ayer fue uno esos domingo típicos de inviernos. Nublado, frío, lento, todo el día en pijamas. No salimos a ningún lado por congestiones y toses varias.
Como a las 4 de la tarde, sentimos que alguien toca la puerta.
Quién puede ser?
Un domingo y sin previo aviso?
Mi hijo mayor corrió hacia la puerta a mirar y me gritó:
"Mamá, los cantores."
Hay pobre niño, pensé. La congestión le subió al cerebro y se volvió loco. Qué cantores van a ser, por favor? Y me acerqué a la puerta para ver quién era.
Para mi asombro, efectivamente, eran los cantores, o eso parecían.
Cuatro monigotes, cincuentones, vestidos iguales de pantalon negro, camisa blanca y saco y moño rojo. Con sonrisa de oreja a oreja y los ojos bien abiertos, parecían decirme: "Sacá la cara de boba y abrinos que está fresco."
Abrí y los miré incredúla como respondiendo: "Se equivocaron de party, señores". Pero no hizo falta. Uno de ellos se adelantó y me dijo:
- "Traemos un Valentín para Mariana. Es ud. Mariana?"
Y mientras yo asentía con la cabeza - y la boca abierta - ellos me entregaron una tarjeta, una cajita de chocolates, entraron a mi casa, se instalaron en una esquinita del living al lado de la biblioteca (el único espacio libre de juguetes) y se alistaron para...si...para cantar.
Y cantaron. A capella. Una canción de amor. Para mí.
Yo no paraba de reirme. Me agarró un ataque de risa. Me senté en el sillón con marido e hijos y mientras disfrutaba de esas voces y la dulzura incomparable del canto sin instrumentos, se me escaparon una lágrimas. Después de casi nueve años, todavía éramos capaces de sorprendernos con enaromamismos (si, acabo de inventar una palabra!).
Los hombres escaparon a continuación de la serenata. Posaron rápidamente para la foto y huyeron a cantar en otras casa, me imagino.
Ahí volví, una vez más, a caer en la cuenta de que vivo en otro país, con otras costumbres y a donde se celebran otras tradiciones. Sabía que era el día de San Valentín porque estuve preparando las tarjetitas y golosinas para que los chicos llevaran a la escuela, pero no me detuve a pensar en regalar y menos recibir. Algunos años hemos celebrado, otros no. Ya ni me acuerdo. Pero este presente quedará en la memoria para siempre, seguro.

Posando con mi regalo de San Valentín!Hasta parezco del grupo, por como estaba vestida!