lunes, 15 de febrero de 2010

Los cantores

Ayer fue uno esos domingo típicos de inviernos. Nublado, frío, lento, todo el día en pijamas. No salimos a ningún lado por congestiones y toses varias.

Como a las 4 de la tarde, sentimos que alguien toca la puerta.
Quién puede ser?
Un domingo y sin previo aviso?

Mi hijo mayor corrió hacia la puerta a mirar y me gritó:

"Mamá, los cantores."

Hay pobre niño, pensé. La congestión le subió al cerebro y se volvió loco. Qué cantores van a ser, por favor? Y me acerqué a la puerta para ver quién era.

Para mi asombro, efectivamente, eran los cantores, o eso parecían.

Cuatro monigotes, cincuentones, vestidos iguales de pantalon negro, camisa blanca y saco y moño rojo. Con sonrisa de oreja a oreja y los ojos bien abiertos, parecían decirme: "Sacá la cara de boba y abrinos que está fresco."

Abrí y los miré incredúla como respondiendo: "Se equivocaron de party, señores". Pero no hizo falta. Uno de ellos se adelantó y me dijo:

- "Traemos un Valentín para Mariana. Es ud. Mariana?"

Y mientras yo asentía con la cabeza - y la boca abierta - ellos me entregaron una tarjeta, una cajita de chocolates, entraron a mi casa, se instalaron en una esquinita del living al lado de la biblioteca (el único espacio libre de juguetes) y se alistaron para...si...para cantar.

Y cantaron. A capella. Una canción de amor. Para mí.

Yo no paraba de reirme. Me agarró un ataque de risa. Me senté en el sillón con marido e hijos y mientras disfrutaba de esas voces y la dulzura incomparable del canto sin instrumentos, se me escaparon una lágrimas. Después de casi nueve años, todavía éramos capaces de sorprendernos con enaromamismos (si, acabo de inventar una palabra!).

Los hombres escaparon a continuación de la serenata. Posaron rápidamente para la foto y huyeron a cantar en otras casa, me imagino.

Ahí volví, una vez más, a caer en la cuenta de que vivo en otro país, con otras costumbres y a donde se celebran otras tradiciones. Sabía que era el día de San Valentín porque estuve preparando las tarjetitas y golosinas para que los chicos llevaran a la escuela, pero no me detuve a pensar en regalar y menos recibir. Algunos años hemos celebrado, otros no. Ya ni me acuerdo. Pero este presente quedará en la memoria para siempre, seguro.


Posando con mi regalo de San Valentín!
Hasta parezco del grupo, por como estaba vestida!

lunes, 8 de febrero de 2010

Cuál fue el evento más traumático de tu vida?

Te hiciste alguna vez la pregunta?

Yo no, hasta ahora.

Hoy me la pregunté y me la respondí inmediatamente, no tuve mucha dificultad en encontrar ese evento de mi vida que me traumó. O al menos, el que yo creo que me traumó.

Pero para otras personas, ese momento está oculto, está escondido dentro y al no poder reconocerlo, ese evento sigue traumando, sigue doliendo, sigue enfermando.

Hay quienes creen que las todas las enfermedades se originan luego de un evento traumático. Entonces, si estas enfermo, o si te enfermas seguido, tal vez debas buscar en tu interior ese conflicto o buscar a alguien que te ayude a encontrarlo. Por ahi puede pasar la curación.

Yo considero que el cuerpo, la mente y el alma están intimamente relacionados y no pueden desentenderse. Si algo le pasa a la mente o al alma, el cuerpo lo sufre también.

Me pregunto si mi evento traumático se resolvió o de alguna manera lo canalicé porque enferma no estoy. Aunque a veces sufro de algunos temitas intestinales y digestivos. Me pregunto de donde vienen esos desequilibrios.

Y me pregunto sobre la enfermedad de muchas personas que conozco y de algunas personas que conocí. Cuáles habrán sido sus eventos traumáticos para enfermarse así?

Me encataría saber lo que pensas. Podés hacer comentarios anónimos!

viernes, 29 de enero de 2010

Las miserias del inviernio

19 grados centígrados bajo cero (y 27 bajo cero de sensación térmica).

No hace falta describir nada más.