Pero la realidad es que la huerta es ahora un recuerdo. Llego el invierno a Vermont. Todo se cosechó y la tierra está desnuda y fría, como sin vida. Todavía no tenemos nieve, solo algo de hielo. Porqué entonces sigo pesando en los días cálidos de verano, o en la brisa fresca del otoño? Porqué no me resigno y archivos las fotos en el disco externo?
Será que mañana me voy para Argentina y estoy anticipando el calorcito primaveral de las afueras de Buenos Aires?
Qué ganas de llegar, qué ganas de estar alla!! Quiero un asado violento. Quiero tomar mate hasta quedar verde. Comer empanadas hasta que mis dedos se enrieden cual repulge! Jugar con mis sobrinas, comer en familia, chusmear con amigas!
Las últimas 48 horas antes de viajar se tornan insoportables. La espera es eterna. El objetivo parece más inalcanzable con cada minuto que pasa. Falta terminar de preparar el bolso de mano, una vuelta más al lavarropas, ordenar la cocina (y aca estoy en vez de hacer eso), pasar esta noche, desayunar mañana, llevar a los chicos al cole, limpiar toda la casa, cerrarla, terminar de cargar el auto, recoger a los chicos, manejar 7 horas hasta el aeropuerto de New York, dejar el auto en un estacionamiento, despachar las mil y una valija, hacer el check-in, volar 11 horas y recién entonces, ni un minuto antes, cuando el avión aterrice y abra las puertas, me toca el momento. Ese primer paso en la manga sabiendo que estoy en suelo Argentino. Que llegué una vez más a casa. AAAAAAAHHHH, como dicen los gringos: "I can't wait!"









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